La
caravana de fotógrafos asume su condición de nómada y continua, rumbo al Sur, hacia los
acantilados donde las aves crean danzas imposibles al compás de un viento
antiguo, renovado a cada soplo. Es aquí donde nace el viento, madre de todos
los huracanes. Pero como todo chorro naciente con propósito de ser algún día
rio, el viento fluye con naturalidad, ora despierta, ora calla, ora brama.
Antes,
mucho antes, la comitiva se detiene para admirar otros parajes, otros lugares.
Estas
tierras también tienen su historia y como prueba de ello quedan en pie, a veces
casi, vestigios antiguos de poblaciones que tuvieron su presente. Mantienen su
belleza con orgullo. Belleza pasada que de algún modo aún conserva un alma
rica y deseable, aunque el tiempo haya hecho estragos en su superficial
hermosura.
Un
verde túnel temporal nos conduce a uno de ellos. La catedral de Durham. El
paisaje conmueve en su estatismo, en su quietud. Todo está colocado en su
sitio. Lo contemplado ya es una de por si una fotografía de la realidad.
Reflejos, colores, piedra, cielo, agua. Los colores son casi un insulto a la
belleza objetiva y es por este motivo que decido, ya en casa frente a mi
ordenador, demolerlos y llevarlos a la ingeniosa abstracción del blanco y el
negro. No se si es un acierto pero el paisaje gana en dramatismo y se aleja de
un belleza idílica que parece inventada por un genial Constable.
El
deleite llega a su fin. De nuevo en ruta con el primigenio destino en mente,
tras un breve rodar, otra parada. Un castillo. Raby Castle. Cuernos.
Raby
Castle es la promesa en potencia de mamíferos. Y efectivamente ahí están.
Ciervos rojos (Cervus elaphus) y Gamos (Dama dama) otorgan al lugar de un punto
salvaje inesperado a priori. El grupo se despliega en dos. Casualmente unos
deciden caminos distintos con diferentes objetivos. Yo al principio me muestro
dubitativo y sigo a los ciervos para intentar obtener alguna imagen de ellos.
No parece probable y observo que los gamos, en la lejanía, tiene árboles de por
medio que me permitirán, en principio, un acercamiento más exitoso.
Me
doy la caminata y el lento y cuidado proceder me da el resultado deseado. No
puedo aislar a ningún ejemplar del compacto grupo pero disfruto haciendo fotos
de estos Falow deer que llegan a estar a escasos 10 metros de mi!
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Fallow deeer (Dama dama) |
Bempton
Cliffs. Alcatraces, araos, gaviotas, frailecillos, fulmares, alcas…Esto es
Bempton Cliffs. Acantilados infinitos que se vienen a encontrar bruscamente en
su caída vertiginosa contra el mar en efervescencia. Un mar puntillista, donde
cada mota, cada punto, es un ser vivo en lucha por su existencia. Y viento. Y
bailes. Y cortejos de un amor ancestral por permanecer. Eternizarse. Una enorme
excitación se apodera de nuevo de este humilde ser empequeñecido por tanta
exuberancia. Uno no sabe donde apuntar, que atrapar, que inmortalizar… Me
sereno, contemplo y lleno tarjetas de gigas con alas, plumas, picos, mar… Vida!
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Alcatraz atlántico |
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Alcatraz atlántico (subadulto) |
Las fotografías mostradas en esta entrada son en encuadre original, sin recortes.
De las que llevamos, esta sin duda ha sido la que más me ha embrujado, transportado, con una prosa suave estás tocando mi corazón...
ResponderEliminarMuchas gracias, hermano Ale!
ResponderEliminarIntentar plasmar con palabras lo vivido me hace tener aún más presente el viaje.
Un abrazo!!
Diego
Buenas y varias tomas.
ResponderEliminarMuy guapas.
Saludos.
Muchas gracias Vicente!!
EliminarNo se te pasa ninguna... :-)) Te lo agradezco!
Un abrazo,
Diego
Uuuuffff, me has emocionado¡¡¡¡ Muchos momentos compartidos en este día.
ResponderEliminarLas fotos de la catedral de Durham muy acertadas en blanco y negro, el momento gamos que te voy a contar si lo vivimos juntos pero no revueltos jejejejejejeje, y los acantilados de Bempton Cliffs, eso.... eso hay que vivirlo¡¡.
Gracias Diego. Un beso. Noe.
Muuuchas gracias de nuevo, Noe!!
EliminarTu tendrás también un buen montón de imágenes geniales.
Un saludo hermana,
Diego